
Cuando la abres, sorprende: por fuera es una sandía de toda la vida y por dentro es amarilla.
Es una variedad antigua y sabe igual que la roja: dulce, jugosa y refrescante.
¿Por qué es amarilla y no roja?
El rojo de la sandía lo da el licopeno, el mismo pigmento que da color al tomate. La sandía amarilla apenas lo fabrica, y en su lugar guarda otros pigmentos de la misma familia, los carotenoides, que tiñen la pulpa de amarillo o anaranjado.
Es cosa de sus genes, no de ningún truco: igual que hay tomates rojos, amarillos o naranjas, hay sandías rojas y amarillas.


En la huerta
La sandía es una planta rastrera de verano: necesita calor, mucho sol y espacio para extenderse.
¿Cómo saber si está madura? Suena a hueco al darle un golpecito, la mancha donde apoya en el suelo se vuelve amarillenta y el zarcillo que tiene junto al fruto se seca.




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